La Bourse de la crise (El compañerismo de la crisis)

Sí, hacía unas horas solo. Pero aquí volvía a estar. Barceloneando.

La dosis de mi droga favorita (puedo considerarme oficialmente, y lo acepto, como una especie de yonki del cine) me había costado siete euros con cincuenta exactamente; me había dado dos cosas, más o menos efímeras. La primera, la inspiración; la segunda, la seguridad.

El cambio de point of view fue, como punto de inflexión, pensar que la ciudad no era “mía” sino que “yo” formaba parte de la ciudad. Tan solo me había encaminado a Barcelona, posteriormente al cine, comprado otra entrada para Eat Pray Love (esta vez en VO), ido a mitad de “India”, pedido caridad ( – Por favor, ¿Tienes un cigarro?- ) y unas sonrisas me condujeron a la guarida más cercana para darle rienda suelta a esa exuberante creatividad que dilataba todos los poros de mi cuerpo: El Manchester.

Entonces pongo mi mejor cara de niña buena que no tiene un pelo de tonta y propongo al camarero (al que tuve que sugerir que despertase un par de veces, ya que se hallaba en lo más profundo de algún libro gordo de Petete) que me dejase el agua por un euro setenta (cuesta dos, pero creéme, no era por tacañería, sino por falta de recursos y necesidad creativa). Él accede, pero al dejar una alta suma de chatarra que equivalía una muy baja a nivel monetario, me la acaba dejando por un euro cincuenta. Yo argumento pues mi posición y digo ¡Esto es el compañerismo de la crisis! Para entonces ya tengo el agua en la barra, libreta y bolígrafo desenfundados, cigarro en mano y el borracho del Zippo (Que no es la primera vez que me da fuego) a mi (¿…mmm…?) derecha para hacerme sentir un poco mejor (adoro encender un Santo Cigarro de escritura con un Zippo, lo veo tan… ¿Guay?).

Muchos estaréis odiando leer estas líneas y rugiendo sobre mi superficialidad, pero ya os gustaría a muchos estar disfrutando de este momento una milésima parte de lo que lo estoy disfrutando yo. (Con cariño os lo digo)

Bien, la cuestión es que el camarero, cuando yo ya he comenzado a escribir, deja de lado su eterno libro por algo que tiene muchísima más magnitud cultural: Ligarse a la rubia grupie-snob de turno (Sí, sí, esas entraditas en carnes, con pelo pollo, camiseta de tirantes con el rayo insignia de los Kiss que hablan siempre con cara de “Lo que te estoy contando es súper interesante, o sea ¿sabes?). Detrás de mí hay un grupo de modernos discutiendo bajo los efectos de alguna que otra cerveza (de más) sobre algo que no escucho, básicamente porque intuyo que no me va a interesar demasiado (al menos, más que el flirteo entre El Lector y La Gallina Turuleta). Una vez el camarero recupera su lectura (la rubia neo-punk modernita con un “rajolí” de rockabilly ha quedado en encontrarse con él después de una cena de amigas, si se acababa tarde, así coincidía con la hora de plegar del manchesteriano). Ahora han entrado unos clientes, él prepara un mojito, o dos. Va a por hielo y el borracho no para de encenderse el liado con su Zippo. Puedo oler a hierba buena fresca. Mientras el camarero pica el hielo el grupo de detrás no para de repetir de forma dispar “Sexo, Droga y Rock and Roll” en distintos idiomas (cada uno, con el suyo y cada loco con su tema) y yo creo que tengo dos opciones: O volverme loca, o joder ¡Fumarme otro cigarro y encenderlo con el Zippo del bendito borracho! Al menos antes de que caiga redondo y ya no recuerde ni que tiene un Zippo de los que a mí me gustan (Aunque, sería una buena manera de apropiármelo pensándolo así…).

De encenderme un piti con un Zippo podría redactar varias libretas (quedaría demasiado exagerado decir “Tomos y tomos…” ya que, por no poder, no puedo ni escribir un libro entero) Abrir la tapa, chascar la piedra,

acercar esa llama tan inconsistente, impredecible, discontinua… (Qué romántico ¿Verdad?) Absorber el humo del cigarrillo, el olor a gasolina, el sonido seco del metal al cerrarlo… ¡Oh! ¡Qué placer! Y todo esto con un fondo, poderoso e incluso curativo, basado en música Manchester.

Al sonar Bizarre Love Triangle (la VO de New Order, no la versión amariconada deFrente) creo que es la señal que me indica el momento de irme de allí. Solo así conservaré mi esencia (llamarme Cinderella si queréis… o yogui, lo que prefiráis) y eso haré; irme con mi Font Vella Sacalm a otra parte. Al tren, a casa. A reencontrarme con algo o ¿por qué no? a seguir con esto tan mío: Mi Vida (al fin y al cabo, por bonita que sea la historia, no deja de serlo ¿No?).

P.D. 1: El camarero sigue sumergido en su libro gordo de Petete.

P.D. 2: El grupo de modernos cerveceros pagó y se fue, puede que a cumplir aquello que se empeñaban en aprenderse de memoria.

P.D.3:   (Y posible buena noticia) El Borracho sigue en pie (Y borracho).

Esta entrada se publicó el octubre 23, 2010 en 10:56 pm y se archivó dentro de TRENDS. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: