Una tarde con ellos, Los Desconocidos

Un Escritor de renombre, sus dos mejores amigas, un crítico de cine con un pasado oscuro y un futuro como director, una marketing manager de Wide Productions, Un modelo de las altas esferas y  un chico adorable y extraordinariamente gay. Ellos son Javi, Lourdes, Leila, Cenzo, Helena, Chris y Miguel, y sí, les he conocido hoy.

Desde el andén de Paseo de Gracia pienso en ellos, en la productividad de la cita, en el aprendizaje adquirido y la elevada dosis de nutrientes que cada uno me ha aportado –por separado, a su manera- de forma casi intravenosa. Ha sido una bonita reacción en cadena. Una muy bonita reacción en cadena.

Iba yo , algo nerviosa, hacia el Starbucks Coffee de Consejo de Ciento  al encuentro de una chica o mujer que ni siquiera conocía. Lourdes era amiga de Javi –el  escritor de renombre que hacía unos días me recomendó  Alfonso, un director editorial de un conocido e-mag, para poder ir a la conferencia que Elvira Lindo daba en la librería Bertrand, que estaba casualmente situada casi al lado del Starbucks- y como quien no quiere la cosa, me tome la libertad de escribirle para no sentirme tan perdida ante un mundo al que no estoy demasiado acostumbrada. Queda pues en evidencia que la chica me dijo que sí -¿qué sentido tendría estar explicando esto y estarla esperando en Starbucks ¿no?- . A los cinco minutos aparecieron en la vitrina dos personajes a los que, no sé porque, pero pude reconocer con solo echar un ojo. Cenzo y Leila, a la que ya conocía vía Facebook y que, si soy sincera, me imponía demasiado como para aumentar mi goteo verbal con ella. No estaba muy segura, por lo que seguí sentada en la butaca en la que Lourdes me debía encontrar y esperé. Habrían pasado tres minutos cuando una chica enfundada en una gabardina de ante Massimo Dutti se presentaría en la puerta, diciendo que había quedado con una chica. Entones me levanté, plegué el chiringuito y me dirigí sin miedo hacia ellos –entre los que estaba Leila, que seguía dándome algo de miedo- como si les conociese de toda la vida y ya supiesen quien soy, de donde vengo y a donde voy. Reunidos los cuatro apareció él, Javi. Un chico espirituoso que escribe con todos los capilares de su cuerpo y sus poros derrochan glamour. Con ánimo de líder, hizo unas cuantas preguntas, las justas, y dirigió a la manada dentro del café –a pedir algo, a hacer tiempo o a esperar a los dos que faltaban para montar la fiesta-. De mientras yo sujetaba tímida mi vasito de té valorado en dos euros con cuarenta y cinco céntimos, me preguntaba cómo iba a salir ganando de esa situación y veía a un chico con un pelo espectacular , una preciosa rebeca tejida en rojo butano y unos vaqueros Antonio Moratto. No me estaba enterando de nada, pero me desperté cuando vi que aquel chico se había escapado de algún ejemplar de la revista Tendencias para meterse con todos nosotros ahí dentro –porque claro, ante tal espectáculo, ¡no iba a perder el tiempo disecando mis pulmones a base de Marlboros Light!-. Casi al unísono llega Helena, una extraña fusión de intelecto, belleza, un poco de sarcasmo, Ángela Molina y Maribel Verdú. Empezaron la verborrea, las presentaciones y los momentos incómodos, a los que la mayoría de los mortales exclama:  ¡Tierra, Trágame! Pero poco a poco, aquella rigidez del principio de volvió extrañamente cómoda, hasta conseguir sentirme homogénea con el entorno. Libros comprados,  presentación empezada  e ilusión en mano reposaron mientras aquella mujer decía cosas tan simples y puramente ciertas  que podías moldearlas al uso.

El silencio daba que pensar, de hecho ¡no podía parar de hacerlo! Cómo ponerme, mirar o comentar se llevaban el cupo en el amplio abanico de ralladas que pudo llegar a prometer la situación. Sin embargo, la mirada dulce y penetrante de Chris me relajó y la llegada de un séptimo –el número mágico, sí- amenizó de veras la espera de las firmas. Empecé a sumergirme en las situaciones, a nadar en ellas, hasta que me vi dentro.  Ya podía reírme y hablar con leila, soltar carcajadas con marcos, conversar con Helena, preguntar a Lourdes, debatir con Chris y hacerlo también con Javi. Después de la firma, y el cigarrillo de después del después de la firma, sin darme cuenta estaba tomando una cerveza –vale, una Coca-cola Light, cosa que comparto con Chris- con ellos. Lluvia de ideas de imágenes. Nuevos compañeros, nuevos debátes. Cine, letras, música y esperanza de vida  para terminar con un comentario que un día será recordado como <<Aquello que me dijo aquel crítico de cine cuando lo de Elvira Lindo>>:

Lo que quieras ser, lo puedes ser.

Esta entrada fue publicada el octubre 23, 2010 a las 2:50 pm. Se guardó como EVENTS y etiquetado como . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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