L’Amour: Ne Pas confondre avec Plastique!

Bueno, un día más de soltera. Sí, unos pensarán que a mis veinte años ya me veo viviendo con gatos, sola, en un piso al más estilo del Brooklyn neoyorkino –estoy empezando a reflexionar seriamente sobre ir el lunes por la mañana a Happy Books y comprarme el mejor ejemplar sobre gatos de toda la tienda, y empezar a entender su vocabulario, porque a este ritmo…-. El día cuatro de octubre será mi aniversario con Inés ¡Cinco meses juntas! ¿Os lo podéis creer? –yo no, al menos por ahora- ¡Pero quietos ahí! ¿En serio pensáis que he pasado estos muy, pero que muy largos cinco meses sin mantener ningún tipo de relación con el sexo opuesto? – Y digo sexo opuesto porque soy heterosexual, si no lo fuese, pues, sería con el mismo sexo-. ¡Acertasteis! He tenido numerosas relaciones en este intervalo, unas más largas, otras más cortas… Ya me entendéis. Bien, puestos a recordar ¿Por qué antes de comprarme el libro no me deleito un poco con esa sensación de que un día –o durante unas horas- fui importante para un hombre?

Sobre los tres primeros, hace falta decir que no cuentan, pues fueron momentos como yo lo diría, pendientes, por lo que les restaremos importancia.  Entonces vino él, el primero. ¡Ay! El primero… ¡Qué guapo que era! Niko era de estos hombres que ves y se te cae el mundo al suelo. Un chico castaño claro con unos ojos enormes que nunca sabes de qué color son por mucho que mires y mires. Unas facciones totalmente proporcionadas y una nariz que cuenta de él su sutil egocentrismo –de esas que son finas pero enmarcan la punta con una suave patatita– En realidad, el mundo se volvió a recomponer al instante, dado que, por suerte o por desgracia, a mí el físico me trae sin cuidado, me limite a agregarle a Facebook después de hablar un poco con él en la peluquería –Sí, habéis oído bien; en la peluquería-. Después la historia de siempre, te insisten, te niegas, te haces la difícil, te seduce, vuelves a negarte, se vende, y entonces quedas. Una vez has quedado te embriaga su pose misteriosa e interesante –qué original en los hombres…- y mueres por volverle a ver. La siguiente vez ya no aguantas más, las horas pasan como si fuesen segundos y alargarías cada palabra durante tres años más para poder sentirte así de forma prolongada. Bueno, la cuestión es que el chiquillo te acaba calentando y, para qué mentir, se te acaban cayendo –literalmente- las bragas al suelo. Tú te vas quedando a dormir a su casa, vas quedando con él, y claro, a veces el trabajo es duro, y puede más que tú. De repente el pobre chico está cansado –quién lo diría de un tenista de élite que imparte clases en una de las mejores escuelas de España ¿no? – y no puede quedar tan asiduamente, por mucho que viva enfrente de tu trabajo y a cinco minutos de tu casa. Este cansancio se hace cada vez más frecuente, tanto, que llegas a creerte incluso que el chico está enfermo  <<Tendrá osteoporosis, o puede que tenga un principio de anemia ¡El pobre come tan mal!>> te dices a ti misma mientras tus amigos te miran con cara de <<Niña, tu eres tonta>>. Nada, que tarde o temprano el asunto se diluye, y pasas al comodín. ¡Sí el comodín! ¿Enserio no habéis tenido nunca un comodín? ¡Sí, hombre! estos tipos que se almacenan como latas de Fabada Litoral en la despensa en época de guerra, crisis o, adaptándonos a términos juveniles del siglo veintiuno, tiempos de sequía. Gerardo ya había aparecido mientras estaba con Niko, pero no había hecho nada con él –estaba tan convencida de que algún día Niko me traería flores en vez de condones, que no me atrevía a besar a ningún santo más. Creo que queda bastante claro mi craso error…-. Ger es una historia breve. Tres citas a solas en un loft barcelonés de lo más inspirador –camisón Vanity Fair incluido, muy mono por cierto- filosofando, cantando y comiendo sandía. Pero nada, que el pobre se quedó con las ganas –me veo en la estrecha obligación de confesar que le prestaba más atención al gato o al reloj que a él-. Entenderme, tenía un año menos que yo y, además, no le veía capaz de maltratarme psicológicamente -¿Os he dicho que solo salgo con chicos que lo hacen? ¡Pues ale! Ya lo sabéis- por lo que lo voté y fue nominado para salir de la casa. No se cortó un pelo en salir y tan poco fue lo que se cortó que luego cuando Inés tenía ganas de fiesta se encontraba cada vez, primero con la excusa y luego con la negativa. ¡Ay! Los hombres… Evidentemente, también contaba con ese tipo de moscardones que me cruzaban porque no quería citarme con ellos sin motivo aparente. No eran en absoluto desagradables de ver ¡más bien lo contrario! Pero eran tan fáciles que era fácil perder el interés por ellos –además ¿Realmente estaba tan desesperada  como para lanzarme en brazos de un hombre que ni siquiera sabía qué era lo que quería de mí? ¡Dios! No lo sabían ni ellos…- por lo que me rendí. Volví a acostarme una vez más con Niko y esa fue mi última vez –y primera qué pensaría en pasarme por Happy Books…-

Un buen día de trabajo, enfermé. Estaba tan enferma que me dieron la baja durante una semana y poco. En los tiempos que corren las bajas médicas son insoportables, ¡no puedes hacer otra cosa que leer, escribir, ver películas y mirar qué se cuece en Messenger, Facebook y blogs variopintos. Un Buen día encontré un pequeño entretenimiento más –encontré unos cuantos bufones que podían llegar a entretenerme si hacían un esfuerzo considerable, pero nada, demasiado efímera la diversión, treinta añeros cañeros, para que me entendáis aunque sean las mujeres-.  Como ya había renegado a la importancia del físico masculino, pues me empecé a mover por los intereses que tenían esos sujetos potenciales de algo en mi vida. ¿Parece difícil? No lo es, es tan fácil como fijarte en los intereses que tiene cada individuo en su información de esta tan conocida y red social de moda –quien no sepa de qué hablo, puede pertenecer a dos grupos, o bien una secta o bien es un amish (esos yanquis que viven sin luz eléctrica ni agua corriente, por poner algunos ejemplos)-.  Ese tío tenía todo lo que a mí me gustaba en el perfil, y además vivía en la que, según él, es una de las ciudades estadísticamente más grandes de España, por lo que no dude un segundo en clicar <<add to my friends>>  Fue tan buen chico que me habló, y así empezó todo. Discusiones amenas que desembocarían en una sesión de cine en Floridablanca y un café para él, tila para mí, en La Principal  –Sí, tampoco os equivocáis, esta vez no os equivocáis ¡Jon es un Snob!-.  No tardamos mucho en hacer nuestras cositas de niños grandes en alguna parte de algunas sábanas. Tampoco tardamos en pasarnos horas debatiendo sobre asuntos vitales y profesionales mientras desayunábamos, ni tardamos apenas en discutir, pero todo era sumamente equilibrado y placentero. Nos vimos durante un mes y medio. El chico era director de Marketing, Creativo, productor, y si se lo pedían podía llegar a ser María Teresa de Calcuta, solo había un problema: con este chico era ya la que me maltrataba psicológicamente. No creía en el amor, no creía en la fidelidad, no creía en la sociedad, era fiel seguidor de una estricta política de desapego emocional. Podía estar conmigo, y sin darme cuenta, estar dando paralelamente el mismo discurso o encendiendo velitas ¡con otra!

Tampoco os equivocáis cuando intuís que este último me gustaba de verdad, y que sí que me hubiese planteado tener una relación seria con él. Me cogió hasta la medula, el sexo era estupendo, su cariño era estupendo. Pero era incapaz de enamorarse de algo ajeno a su trabajo y era de esos que tenían a su ex novia como referencia de la vida en pareja –menudos elementos estos, chicas, de verdad, no comentáis este error. No probéis esto en casa. Solo lo pueden hacer expertas en CCLH (Cagadas Con Los Hombres) como yo-.  En realidad aún sigo pensando qué hacer con este personaje que justifica sus actos en las modelos, actrices y cantantes que se le topan en su carrera, y en que tiene muy establecida la división entre sexo y amor –Cariño  ¿No era que no creías en el amor?-.

En resumen, que hoy es sábado –mañana será domingo- y el lunes pienso irme corriendo a Happy Books y gastarme un dineral en ese libro. Si tuviese que decir algo en pocas palabras para definir todo esto ¿Qué diría? ¡Ah sí! ¡ya sé! Ahí va –y siguiendo, como siempre, las últimas tendencias ¡qué me registren!-:

Situación Sentimental: Es Complicado

O

Miarramiau Miasimiumiu: MEEEEOOOOMIAU MIIIIAAAAAAUUUUU


Esta entrada fue publicada el octubre 24, 2010 a las 10:53 am. Se guardó como ABOUT, INSPIRATIONS, PEOPLE, POSTS, POSTS, POSTS y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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