Historias del Paralelo

¡Esa noche cálida era magnifica! Freida y yo salíamos del teatro borrachas como cubas. Yo no sabía muy bien cómo íbamos a bailar en el cabaret si apenas nos manteníamos en pie por las adoquinadas calles del Paralelo. Era la primera vez que salíamos con hombres de refinado postín ni Freida ni yo queríamos estropearlo, por lo que fingimos ser señoritas –incluso nos inventamos un apellido francés que no recuerdo del todo bien- con clase y no de esas que paseaban por el pueblo seco con atuendos dignos del Barrio Chino.

Mario Pino era hijo único de la adinerada familia propietaria del Indio, la importante tienda de telas de la Calle del Carmen; él y Joaquín Viader eran vecinos desde pequeñitos –Las madre de Joaquín compraba allí la telas para tapizar sillones tanto de la granja que tenía en el pasaje de al lado de la tienda, como para su uso particular. Asimismo Carmina, la madre de Mario, llevaba a su hijo a merendar melindros con chocolate en invierno y leche mallorquina en verano a la Granja Viader-. Siempre se llevaron bien y siempre le gustaron demasiado las mujeres –sobre todo a Mario-.

En el Arteria fumamos y bebimos todo lo que pudimos entre las dos a costa de ellos, cortesanos de dos viejas jóvenes, experimentadas en seducir carteras como las de aquellos chicos de un rico que les venía por la casta. Yo nunca quise que nos acompañasen al Cabaret –éramos francesitas de etiqueta ¿Acaso las francesitas de etiqueta van a lugares que solo pisan las putas que no tienen ni de qué comer?- pero Freida se puso algo ebria con tanta botella seguida de Don Perignon, así que puesto a elegir tenía dos opciones: o convencer a alguien que apenas podía ser algo elocuente, o rendirme yo también a aquella carísima anestesia.  Las francesitas se portaron tan bien que los señoritos de turno no podían resistirse a ellas, y querían más. Yo arrastraba a mi amiga agarrándola de las enaguas por el paralelo al mismo tiempo que ella arrastraba a Joaquín de su rígida pajarita y Joaquín cogía del pescuezo a Mario para que no se perdiese el espectáculo –cierto es que digno de ver, lo era-. Llegamos al Cabaret –no sé muy bien cómo- y no lograba despegar a Freida de los tirantes de Joaquín –Ni a Joaquín del corsé de Freida…-. Mario me observaba entumecido, fuera de sí. En realidad mirarme le estaba volviendo loco, que era justamente lo que yo no quería – ¡suficientes hombres locos habían pasado por mi vida! ¡No os hacéis la idea de lo que es trabajar en la farándula!-  pero él, seguía embobado. Le miré un instante y me acerqué para despertarle de su atónito estado, entonces me cogió por la cintura susurrando

-ven conmigo… va vente conmigo fuera- Yo intentaba apartarle y me reía ya que temía que enfureciese, los hombres son muy especiales cuando se ponen cariñosos.

-¡No, tonto! Después… ¡Ya verás tú después! Pero ahora tengo que ir a trabajar… Dame un segundo y estaré contigo… ¡Pino!- El tono seductor funcionó, me dejó ir, aunque evidentemente yo no pensaba volver. Conocía ese tipo de hombre del que Freida y yo solíamos aprovecharnos para que nos invitasen a todo ¡Pero no hasta al punto de descubrir cuál era nuestra profesión!  Me giré y puse rumbo a los camerinos cuando Mario hizo su última aportación

-¡Nena! ¡Ven conmigo! ¡Tengo tanto que darte que no tendrás que trabajar nunca más para otra persona que no sean tu marido y tus hijos!- a lo que acompaño con un sonidito del estilo ¡hmm! Al más puro estilo Tío Pepe. De mientras, mi gran amiga se había encargado de buscarles asiento en ese cabaret oscuro a los señoritos para ver nuestro espectáculo –más culo que especta- en la tercera fila. Una de las mesas redondas con camarero privado que se encargaría  de que se dejasen todas sus pesetas en ese antro de mala muerte –Jorge “El Gitano” ya los había fichado, y sabía que los clientes que Freida y yo traíamos, había que tratarlos bien, pues nos dedicábamos a salir a los teatros con atuendos prestados del Cabaret y traerlos a que dejasen rastro en caja-.

Telón cerrado, El Gitano en el escenario presentando a Fréida y Pétalo en el Show Parisino del Cabaret Paralelo. <<Qué ridiculez, la que se va a montar cuando estos dos vean lo que van a ver…>> pensé muy para mis adentros.  El show se dividía en tres pequeños actos; en el primero yo me sentaba con batín y peluca de rulos en una silla de metal, poniendo verde a mi amiga Freida frente al público. Representábamos dos cabareteras de un mismo show que competían por el amor de nuestros queridos espectadores masculinos. Entonces entraba Freida al supuesto camerino  en el que me hallaba –la silla era el supuesto camerino, se deja ver por mi atuendo- y me descubría poniéndola de todos los colores. Discutíamos y empezaba el segundo acto. Ella cogía otra silla empezaba a sonar la cancioncita de siempre – Wa Wa Wa (SHAEFER) de King Oliver- nos quitábamos las pelucas dejando al aire nuestros peinados ondulados e impecables y luego las batas de boatiné dejando al aire todo lo que no tapaba el corsé y las medias con liguero. Nos pasaban Sombreros, Plumajes, y demás hasta que, ya en el tercer acto, nos dábamos cuenta de que éramos amigas y una perfecta pareja de espectáculo –parece bonito, pero hacerlo siete noches a la semana con el mismo grupo de babosos mirándote por cuatro pesetitas, no era tan agradable-. Cuando empezaron los aplausos empecé a ver lo que me temía: las caras deformadas y totalmente sobrepasadas de alcohol de Joaquín y Mario. Hice una señal a Freida que entendió al instante y fuimos corriendo a cambiarnos al camerino.  Pero ya era tarde, allí nos esperaban tres personas: Joaquín, Mario y El Gitano.

-Estos dos me han dicho que han venido con vosotras, y también me han dicho que estáis prometidas con ambos ¿Es eso cierto, parejitas?- dijo El Gitano con cierto tono irónico ya que no era la primera noche que sucedía algo así. Freida estaba loca por Joaquín por lo que no iba a fallarle una vez más; además era una chica tan tierna, dulce y noble que se merecía un hombre que le pudiese dar todo, como en este caso él. Y entonces, frente la timidez de Freida me tocó hablar a mí

-Sí, es cierto Gitano. Ya Salimos. ¡Gracias por avisarnos!- dije con decisión guiñando el ojo.

-¡Mañana cuando os encontréis mejor hacemos cuentas chicas! ¡Y ya me explicarás qué haces tú prometida Freida! Eso sí que no me lo esperaba yo de una chica como tú…- .

El Gitano siempre se reía de mi cuando un hombre se prendaba, ya que sabía que no tenía nada que hacer. En fin, que salimos de lugar para no estorbar el gran ambiente y la mejor hora –Era entonces cuando los caballeros elegían a las damas con las que querían pasar un buen rato- pero entonces la parejita se alejó a un profundo portal y me dejaron a solas con la mirada vacía de Mario y sus pelados y nerviosos labios. Realmente la situación me estaba dando miedo, pero no era la primera vez que pasaba, por lo que decidí mantener la calma, y a poder ser, ganarme un dinerito extra.

Estaba inmóvil, me acercaba a él, le tocaba el cuello, le besaba, intenté tocarle pues la entrepierna y ¡me empujó! Parecía enfadado de verdad, sus ojos podían decirlo, pero yo actué con ternura

-¿Qué le pasa a mi Mario? ¿Acaso ya no quieres a tu tierna Pétalo?- le dije quitándole el mechos que se había desvinculado de su estructurado pelo rebosante de brillantina.

-¿Qué estabas haciendo en ese escenario, dejando que todos esos hombres te vieran en enaguas? ¡Provocando! Qué pensara nuestro hijo cuando se lo digan en la escuela…- ¡Lo decía realmente en serio!, ¡no me lo podía creer!

-Mario va… Vámonos dónde Joaquín… Nos lo pasaremos muy bien, yo te lo haré pasar fenomenal… ¡Soy experta! De hecho, mi trabajo es satisfacerte ¿No quieres que te trabaje, Mario?- Ese era mi viejo truco de la niña suplicante, que siempre funcionaba. Pero esta vez no funcionó. Empezó a berrear no sé el qué a un tono que podrían escuchar desde la fábrica de Anís del Mono, a moverse muy rápidamente de un lugar a otro, a golpear las farolas… Entonces se paró y me miró a mí fijamente, con esa cara vacía y tenebrosa suya, entonces vino

-Tú, ¡eres la pecadora que predijo mi bruja que aparecería para quitarme dinero, fama y familia! No dejaré que eso suceda, ¡Jamás! ¿Francesita? ¡Já!- me escupe en la cara – ¡Puta, eso es lo que eres, una puta desamparada del Barrio Chino! ¡Puta y chupasangres!-. Empecé a gritar a Freida y a Joaquín, pero Mario ya había anclado su mano en mi cintura y la otra se encargaba de arrancarme las enaguas mientras seguía gritándome al oído –Estarás muerta Francesita, pero no sin que te haya preñado, no sin antes haber tenido la oportunidad de tener un hijo contigo, ¡Puta!, ¡Mas que puta!- Tapó mi boca y no pude gritar. Note su falo entrando y saliendo al ritmo que mis lágrimas resbalaban por sus manos, que tapaban toda mi cara y silenciaban todas mis súplicas. Estaba sola con ese loco, tal y como había presentido a la salida del teatro por las calles adoquinadas con Freida.

No había ni rastro de la otra pareja, y Mario seguía con lo suyo. Yo cada vez estaba más mareada, y esa repetitiva sucesión de puta que entraba por mi oído cada fracción de segundo me estaba matando. Intenté por todos los medios deshacerme de ese anclaje, pero fue imposible. Me lo hizo hasta sangrar y cuando lo consiguió y vio que pocos segundos me quedaban, pasó sus manos embadurnadas de sangre por mi cara, me pateó haciendo que me diese la vuelta y me levantó las faldas para que todo el mundo me viese. Volvió a acercarse y me susurró

-te he jodido ¡puta! Y me he quedado a gusto ¡Ni me quitarás el dinero, ni me robarás a mis hijos! Esos hijos que estaba dispuesto a tener contigo, una sucia de la farándula, te los puedes llevar ¡al infierno! Que es a donde te estás dirigiendo.-. Se fue, pero al instante volvió para añadir –Por cierto, pétalo, ¡Espero que te haya gustado!- y me beso en la mejilla, cubierta de mi propia sangre.

Freida y Joaquín nunca supieron que fue él. Nadie sospecho, nadie presto atención. Al fin y al cabo no tenía a nadie, y nadie iba a decir nada del hijo único de almacenes El Indio.

Esta entrada fue publicada el octubre 27, 2010 a las 2:18 am. Se guardó como INSPIRATIONS y etiquetado como , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: