El Barrio

Después de semanas inmersa en alguna que otra frivolidad, me reencontré con unas cuantas situaciones que devolvieron a Inés a su estado natural –gracias a Dios ¡Ya era hora de reírse un poco!- . El mundo facsiong, cómo lo llamarían los amigos con los que he estado esta tarde, se ha quedado durante unas horas aparcado para reencontrarme con el olor a chorizo de tapa en un bar manolo de alguna calle de esos barrios por donde no he solido moverme demasiado. La Gitaneo Session a la que he estado expuesta a carne viva en ese bar me ha revitalizado por completo –quieras que no, en un partido del Barça en el que todo el mundo grita a menos de cinco centímetros de distancia, algo te hace vivir de forma distinta-.

Puede que sea algo contradictorio –y conste que lo acepto- pero siempre he tenido una especial adoración por este tipo de fetiches, tales como bajas a la frutería cada mañana y que el frutero te llame <<¡Guapa!>> aunque te acabes de levantar con el rímel corrido y –siento ser desagradable- las legañas sin quitar. Una tierna adoración por el barrio donde –entre muchas comillas- me he criado y la gente que ha crecido –entre otras muchas comillas- conmigo. Ya puestos con el tema y atreviéndome a poner estos ejemplos que tanto me caracterizan –tiendo a decir cosas que no vienen a cuento- es como… ¿cómo lo diría? ¡Ah sí! Como poner en una casa o bar trendy y minimalista ese gato o cerdito horroroso y dorado de los chinos ¡Queda la mar de majo! Y encima, la mar de cool –ya se nos pasará, es lo que tienen las modas-. Bien, pues esto es lo mismo. Ese olor a chorizo y aliento cervecero del compi, esos gritos rozando a lo gutural del rapadillo de turno –con su respectivo chándal pitillo Adidas con la bandera de España por cenefa- me han hecho pensar <<Si no me hubiese criado con esto, y no hubiese vuelto a revivirlo después de semanas de abstinencia, no podría valorar ni esto, ni lo otro>>. Resulta, a primera vista, difícil de entender. Pero es así, y esta nostalgia intransferible no te la quita nadie. Ahora que lo pienso, puede tener un símil con el tema de la vecina de al lado de Ramiro E, cansado de lo superfluo se lanza a la normalidad como tendencia natural.

Nos podemos empeñar a ver las cosas como salen en las revistas. Podemos esforzarnos a revolucionar nuestras hormonas con el canon del momento. Podemos estructurar nuestra forma de vestir conforme lo que se lleve o no. Pero la verdad más absoluta de todas, es que lo real, lo nostálgico o lo propio nunca –y digo nunca-  pasa de moda. A veces tendemos a mantener el estómago vacío y nos olvidamos de lo que realmente nos nutre –como personas y no como objetos de deseo ajeno-. La realidad se come cruda, y ésta a veces te devuelve esa base tan esencial: recordar de dónde viene, para saber a dónde vas.

 

Esta entrada fue publicada el noviembre 7, 2010 a las 8:30 pm. Se guardó como ABOUT, PEOPLE y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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