¡Qué diría Dior si viese lo que ha hecho Amancio Ortega!

“Obviamente, tenían razón los críticos que opinaban que era superfluo y vergonzoso producir un vestido valorado en cuarenta mil francos cuando la mayoría de las mujeres no podían siquiera permitirse comprar leche para sus hambrientos hijos. Feministas como Mabel Ridealgh no tardaron en darse cuenta <<El New Look es como tener un pájaro en una jaula de oro>>.

Después de la guerra muchas mujeres deseaban eso: que las mimaran, protegieran y relevaran de toda responsabilidad. Por eso el New Look siguió imponiéndose, aun significándose una erupción de los deseos reprimidos que la marcha hacia un futuro mejor. Simbolizaba el optimismo y la opulencia, y lo que durante su primera aparición en 1947 pudo parecer cínico, más tarde sería normal. Entonces el milagro económico del plan Marshall, impuesto el mismo año que la primera astillita del New Look, conllevó al progreso generalizado.

El New Look seguía marcando diferencias entre clases, pero a pesar de ello era considerado una promesa de bienestar, elegancia y goce de la vida; a la vez que un estímulo para el progreso. Se convirtió en el desencadenante de la nueva capa social: La clase media.”

Charlotte Seeling. Extracto del libro MODA: El siglo de los diseñadores 1900-1999

El New Look y su línea se apoderaron de todo resquicio, invadiendo arquitectura, interiorismo o nimios artículos de primera necesidad. Mesas en forma de riñón, butacas en forma de cuenco, vasos tulipán, jarrones entallados y ceniceros de cristal curvado: un todo que reflejaba las líneas del New Look.  Fue entonces cuando Christian Dior exclamó –y con todas las de ganar- << ¿Qué he hecho? ¿Qué diablos he hecho?>>  ¡Pues la luz, mi alma, la luz es lo que has hecho! –con todos mis respetos hacia este buen hombre que tanto admiro-. Había conseguido que, por primera vez,  ese espíritu cincuentero no se encerrase en una clase social X o un país Y. Se dice que el nacimiento del New Look surgió de una necesidad de reestructuración, es decir, el hombre debía volver a llevar los pantalones y el we can do it quedaba atrás.  Ahora todos –y digo todos- querían gozar, después de todo, aquello que los malos tiempos les habían quitado.  Fue en parte por eso que los malls –los muy… ¡astutos!- empezaron a copiar el estilo de los ricos para –muy a lo Robbin Hood salvador- ofrecérselo a quienes no lo eran tanto –Amancio Ortega tiene que estar agradecido, anda que la ideíta que le dieron… ¡Vaya tela!-.

¡Debía resultar insoportable! ya que para formar parte de esta nueva corriente no solo se requería trabajar duro, sino que también conllevaba la capacidad –innata o no- de girar cada vez más de prisa, tener siempre lo más nuevo o -¡peor!- saber dónde y cuándo era más adecuado llevarlo. Lo que hace la gente no tardó en convertirse en tabla para todo aquel que desease ser uno más. Tras haber apoyado a su marido durante la guerra, la mujer deseaba recuperar su falda  y encorsetarse de nuevo. ¡Demasiado tentador! El hombre como gobernante y sostén absoluto de la familia, y la mujer, cuidando una casita en el campo decorada de forma moderna y funcional, con colores claros y alegres… ¡Qué fácil!

Por otra parte la mujer ofrecía su fidelidad y pulcritud, veinticuatro horas al día pues la mujer de antaño ¡no se mostraba sin maquillaje ni al cartero! Los maridos nunca veían el cutis de ésta –las dulces preferían levantarse horas antes para arreglarse o levantarse tras el sueño de su esposo para desmaquillarse, a que viesen si imperfecciones- . Y es que en todo momento se veían –por sí mismas- obligadas a estar impolutas -¿He dicho fácil antes? ¡Pues lo retiro!-.

Visto lo visto, no es de extrañar que hoy por hoy estemos como estemos. Ropa de mala calidad, modas de mala calidad, comida de mala calidad, iconos de mala calidad… ¡Y es que estamos perdidos si no nos dignamos un poco a ver el porqué de las cosas! No le quito la razón a Christian cuando exclamó, casi rozando lo desesperante, lo que había hecho. ¿Acaso se imaginaba que acabaría el patio tan embarrado como ahora?  Pero ¡Ojo! ¡Que esto los de Inditex ya lo sabían! Y por eso lo muy –los muy, a secas…- se aprovechan a la mínima de cambio, de la crisis existencial –digo existencial, porque si me tengo que poner a numerar las crisis que sufrimos, o incluso nos llegamos a inventar, puedo estar hasta que al Word le venga un jama cuco- que vivimos todos y cada uno a nuestra manera. Pues aquí está zara para salvarnos el culete y hacernos sentir como aquello que no podemos ser, pero en el que por treinta euros podemos transformarnos –al menos durante el tiempo que la prenda, dada su esplendorosa calidad, te dura-. Aceptamos que el New Look vuelve y pisa muy pero que muy fuerte ¿Será ese el motivo del retorno de Jedi Vintage?

Esta entrada fue publicada el noviembre 23, 2010 a las 11:17 am. Se guardó como INSPIRATIONS, PEOPLE, TRENDS y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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