Barcelona Pura y Casta

Cinco y dos de la mañana. Yo creía que estás cosas solo le pasaban a las chicas de Sex and the City –especialmente a la Bradshaw- ¡Pero qué equivocada estaba! Realmente, como todos sabréis, la noche ya pintaba demasiado bien para ser cierta. Y es que simplemente, la noche, no pintaba nada. Hace ya tiempo que no prometo nada a esa Barcelona a deshora, llena de travestis pintarrajeadas, guiris –quien no descalza por la calle, borracho liándose con susodichos travestis-, diez y seis añeras catolizadas por el ánimo de que un portero x las deje entrar o súper cools con wayfarers de los paquis. La cuestión es que –si digo <<no sé cómo>> ¡miento!- acabe ahí. Rogándole a esa noche tan poco prometedora, que me diese algo que –visto lo visto- nadie estaba dispuesta a darme: Cariño.

Todo empezó una fría –y más fría que acabaría siendo…- noche de diciembre – ¡este principio mola! Aún no se diferencia si esto será un cuento de hadas o una historia de terror-. Cuando me dispuse a olvidarme del cumpleaños de mi futura jetseteriana hermana pequeña postiza –Aka Valentina Delnevo-. Yo estaba la mar de contenta de no ser porque tenía que decirle mi acompañante nocturno que tendría que acompañarme y ser consciente de la negativa –aplastante- que yo intentaría compensar con una noche prometedora. Bien, después de armarme de valor y estar toda la tarde entre una tienda de ropa y los preparativos de un regalo digno de una fiesta de diez y ocho. Después de decirle al chico y –solo aparentemente- convencerle para que me acompañase. Después de rodar por las escaleras de la estación, envestida por las prisas de una llamada amiga en el otro anden. Después de temblarme las rodillas en el tren encontrándome a dos personas y envuelta en una conversación amena. Recibí la negativa –y sí, por sorpresa, delante de esas dos personas ¡Como quien no quiere la cosa!-. Un calor inmenso recorrió mi cuerpo y el pensamiento <<Nena, tranquila, está de broma>> entró por un oído y… se limitó a salir por el otro. Se fue a su casa, y yo, a la que me acogió: Barcelona.

En menos que canta un gallo estaba haciendo ya, desesperada, las llamadas correctas –mejores amigas, amigos y tal-. Pero como era de esperar –y ya estaba tardando mucho- la llamada equivocada apareció en escena. La frecuencia de Radio Taxi no funcionó bien, y el taxista ya llevaba el letrero en rojo –tenía trabajo ¡Qué le vamos a hacer!-. En consecuencia, me quedé sin más opción que tirarme al vacío y caminar hacia Gurú; donde una fiesta que me esperaba, estaba siendo inesperada para mí.

Antes de contar nada, Valentina ya lo sabía todo. Raúl –uno de los presentes en la disputa con el pretendiente de la noche- se lo había contado. Yo, rodeada de todo aquel lujo de diez y ocho añera con pasta, en un bar que me había dado tan buenos momentos en esas épocas –lejanas- en las que solía salir disfrazada de noctambula, estaba tranquila. Orgullosa de estar finalmente sola. Luciendo palmito para mí misma, estrenando abrigo sólo como una chica que hace dos años que no puede tener uno nuevo lo hace. Con la versatilidad que me caracteriza, me uní a la fiesta sin problemas, observando a aquellas chicas –deseosas a su vez de ser observadas- con sus vestidos negros, taconazos de plataforma de mala calidad y copas de vino en mano cogidas como si se tratase de Baileys. Estaba en ella. Barcelona me había absorbido, pero yo no mostraba resistencia –en su lugar, llenaba el tiempo a base de Coca Cola light y conversaciones sobre literatura y fotografía con Raúl-.

Tras unos cuantos chupitos de cafeína vestida de marca, varios Red Bull y un cambio de vestido muy a lo Monica Belucci –pero sin serlo- acabamos en esa especie de Purgatorio llamado Opium Mar –un club que roza a la broma– al más puro estilo Carmen Maura en Qué hace una chica como tú en un lugar como este. ¡No podía creer que estuviese escuchando el I got a feeling una vez más! De hecho, cuando creía que no podía aguantar a David Ghetta una canción más, mis ojos se abrían atónitos ante la nueva adquisición del Dj –que tenían huevos de ponerlo en cartel y todo-. Ver a todas esas tías medio borrachas o a esos tíos fieles a su naturaleza y rendidos a gogos horteras de stilettos negros sin lustrar alrededor me hubiese parecido degradante de no ser por el yang del recuerdo hombruno que me había dejado la noche y el ying de la buena compañía.

Total, acabamos huyendo en taxi de vuelta a Castelldefels en cuanto mi nuevo abrigo cumplió dos horas de matrimonio antes del divorcio con el guardarropía. No sé cuándo aprenderé a que salir de noche no es lo mío o que no puedo permitirme –aunque siempre acabe haciéndolo de una manera u otra- cambiar de modelito cada dos por tres. Sin embargo el tiempo no deja de sorprenderme, de la misma manera que las personas –y personajes- que se topan con él.  De lo que no me cansó de aprender –y va siendo hora de que me aplique al cuento- es de eso que algún día un gran sabio –o sabia- dijo <<Mejor sola que mal acompañada>> -a veces hay que permitirse tener buenos rollos meramente potenciales-.

Esta entrada fue publicada el diciembre 19, 2010 a las 3:24 pm. Se guardó como ABOUT, INSPIRATIONS, PEOPLE y etiquetado como , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

3 pensamientos en “Barcelona Pura y Casta

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