El parisino Señor Roca y sus pantuflitas Louboutin

Image<< ¡Por fin viernes!>> debería estar gritando junto a mis grandes amigos y amigas en algún bar considerado cool bajo su criterio y con un grado menos de sinceridad en mi voz –y porque me daría vergüenza hablar de la sinceridad de mis palabras en sí-.

Total, que estoy en mi casa, de viernes, sentada en la taza del wáter con un Marlboro en la boca cuyo humo hace que medio cierre mi ojo izquierdo. Los viernes son eso para mí, un experimento, un día de luto semanal; peor que el domingo y –para colmarla un poco más- mucho más terrorífico que el lunes.

Estaba yo tranquila, después de que papá y mamá se fuesen a dormir, haciendo un poco de beauty  en este espacio tan ameno, el baño y, como quien no quiere la cosa, una idea ha atentado en mi cabeza: <<El baño, como espacio de reflexión, en tu peor día de la semana. Nena, puede ser una buena oportunidad…>> -parece raro, pero cuando hablo con mi consciencia siempre me trata de nena, será que me quiere al mismo nivel que los ciclados de las películas que ponen a sus churris en peligro pero insisten en que se crean la mentirijilla de que están a salvo-.

Pues que he ido como una flecha al salón comedor con el que todo obrero cuenta en su casa y he abrazado mi Vaio mientras le decía <<Vamos a jugar, tu y yo, ahora, en el baño, nene>> -sí, tengo una relación tormentosa con él-. Me he bajado los pantalones del pijama, las bragas no porque para dormir no llevo, y me he sentado cómodamente en la taza, acurrucándome, sabiendo que el tema este experimental que me viene a medianoche daría para largo.

¿La reflexión? Todo es empezarla pero ¿no os da que a veces es innecesario? ¿No os da que a veces es mejor guardar el polen de los momentos para que cuando pase un tiempo  emborracharte en el momento que realmente lo necesites? ¿Qué es mejor decírselo a un amigo que ha estado preocupado porque has desaparecido del mundo dos días y que nadie sepa porqué?

En un momento en el que Facebook, Pinterest, Twitter y YouTube dominan la movida –no madrileña- ¿Qué más hay que decir? ¿Qué te puedo yo contar? ¿Qué estuve en un evento fabuloso y súper chupi guay el jueves y de rebote en otro? ¿Que qué opino sobre las pantuflas –Louboutins–  con tachas en la punta muy del rollo Kubrik?

Definitivamente corroboro al más puro estilo de mi amiga, y compañera de los viernes Lydia Lozano, que el WC no inspira para hacer, inspira para imaginar, y no para imaginarte momentos vividos, sino para recordarlos, pero no para plasmarlos ni para volverlos a vivir. Corroboro que la idea de que la inspiración no se busca sino que te encuentra es cierta, en el caso del terreno personal. Corroboro que si la buscas te bloqueas y si te bloqueas es que quieres mejorar. Corroboro la experiencia que, desde aquí, es lo único que se me viene a la cabeza contar.  Y para hacerlo más bonito, para implicar una moraleja en este texto de mierda sin sentido, algo puedo concluir: no pienso volver a hacerlo; porque ¡joder! solo puedo imaginarme el absurdo de un váter de anuncio que me habla, calzando las dichosas zapatillas de andar por casa, diciéndome  <<Aquí no tienes nada que hacer, mon amour>>  mientras expulsa el humo de su Vogue.

Esta entrada se publicó el agosto 4, 2012 en 11:46 am y se archivó dentro de TRENDS. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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